Si reniegas de la juventud, ¿para qué vives?

Si reniegas de la juventud,
¿para qué vives?
La tierra de la muerte honorable está aquí,
salta al campo de batalla
y rinde tu aliento.

Busca la tumba del soldado,
la mejor para tí
Luego mira alrededor
y elige sitio.
Y toma tu descanso

Lord Byron

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en manos de Javier Martinez Reverte, el amigo de Ulises

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Profiero mis alaridos ante los techos del mundo (el tío Walt)

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,
prosigue el poderoso drama:
y tú puedes contribuir con un verso.

No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.

“Profiero mis alaridos ante los techos del mundo”, dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

No te dertengas, poema atribuido a Walt Whitman (1819-1892)

Las campanas doblan por ti

 ¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?

Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla,
la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad.
Por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

 

JOHN DONNE, (poeta metafísico inglés)  “Meditación XVII”, (Devotions Upon Emergent Occasions, 1624)