Tierra de Campos (David Trueba, 2017)

Quinto libro de David Trueba, tras su novela corta Blitz (2015) y la premiada película Vivir es fácil con los ojos cerrados (6 Goyas en 2014 , entre ellos el de Mejor Película).

Noqueado tras la primera lectura de 20 pgs, el hechizo prosigue 30 pgs después.

Parece imposible decir tantas cosas en cada frase, sin bisutería ni imitaciones, y a la vez destilar tanta ironía y cinismo de barra, de estar de vuelta de todo, incluso de la UCI. Se percibe la cercanía de ese viejo amigo canalla, resacoso y más hervido, alentando y dando codazos desde esa barra. No en vano, en los últimos años su amistad con Javier Cercas se ha ido cimentando a base de reveses y cornadas vitales.

Durante el anodino trayecto del cadáver del padre de Dani, el protagonista, en el ‘coche de los muertos’ a su pueblo de origen, empiezan a entremezclarse recuerdos y personajes dispares que poco a poco irán reconstruyendo su trayectoria vital. Esa forma de narración, aparentemente caótica, hilvanando recuerdos lejanísimos o cercanos (no en vano así funciona la mente cuando le da por recordar), irá conformando el puzzle.

¿Se hereda eso? Se cuestiona, una y otra vez Dani, ante el espejo y vicisitudes de su padre.

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A todo Riesgo, memorias airadas de una Pretender (Chrissie Hynde)

Esa maldita frase de la contraportada me hizo picar el anzuelo:

Buscábamos aventuras. Queríamos comernos el mundo y lo queríamos ya. No nos considerábamos ‘inocentes’. Leíamos libros, devorábamos música, fumábamos de todo y nos metíamos cualquier cosa. Técnicamente hablando, aún éramos vírgenes, pero ya habíamos dado unas cuantas vueltas al mundo, aunque sólo fuera dentro de nuestras cabezas

No se guarda nada en el tintero, comparte el camino recorrido –un sinfín de juergas, giras, conciertos, proyectos y el abismo de las drogas − tan apasionante como terrible. Una vida de película (Ver entrevista).

Hynde se explaya, acaso en exceso, con sus años mozos a finales de los sesenta y principios de los setenta en USA, con el nacimiento de la contracultura a raiz de Vietnam, mostrando su confusión y el flirteo con las drogas que narra abiertamente. Eso ocupa casi la mitad del libro (emoticono de gruñido). Sin embargo, la etapa Pretenders es despachada con celeridad —apenas 70 páginas al final.

Es a partir de la mitad del libro cuando, enamorada de los sesenta londinenses, llega al hervidero musical que es el Londres de 1973. Hay múltiples similitudes al desembarco de Froilan y Saúl en Los años furtivos de Brixton. Hynde VIVE, es testigo privilegiada del nacimiento del punk y trata de formar su propia banda. Colega de los Sex Pistols y de los Clash, narra esa época trepidante en donde daba igual la fama o el dinero, lo que importaba era entrar en una banda y tocar.

“Todo estaba a punto de arrancar. Podías notar que algo estaba cociéndose, como cuando notas el aire cargado de iones”

Son capítulos aparte para los enamorados hasta la médula de ese universo distinto, y en erupción continua, que es Londres. Cualquier descripción de una calle, mercadillo, tienda de discos o de un distrito erizan la piel. Es imposible no fascinarse con esa ebullición continua de los setenta. London Calling

Y por fin con 27 años llegó su momento … y esa canción de Sam Cooke “The Great Pretender”

Tenía 27 años cuando finalmente lo encontré. Me lo había tomado como una misión, pero lo cierto es que al principio ni siquiera supe que era él, a pesar de los indicadores que así me lo señalaban, como las luces del escenario por detrás de mí. Luego, gracias a su hechizo, pasé de patito feo a cisne y alcé el vuelo tomándolo de la mano. Junto a Pete y Martin, arremetimos contra el sol crepuscular con su luz rebotando en nosotros. Así que ésta es mi historia, nuestra historia. Jimmy, yo y todos los demás. Todos mis locos amigos (muchos de ellos ya fallecidos).

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