Purple 2018

Cartel del Purple weekend, 2018.

cartel purple weekend 2018

Hanna Williams & the Affirmations: esa voz rotunda y ese soul contundente. Geniales. The commitments are back!

Bart Davenport: no era la hora, ni seguramente el lugar, para su pop de coles prefabricadas

Los wavy gravies (Gran Café): los mejores, sin duda, y grata sorpresa la de estos gallegos devotos de los Stray cats

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La Granja (purple weekend, 7/12/2018)

El momento más emotivo del 30° Purple Weekend: LA GRANJA, que dieciséis años después, volvían a León.

Los mallorquines, de gira celebrando 30 años de su segundo y mítico álbum Soñando en tres colores, 1988, (escucha todo el disco aquí), nos hicieron revivir y combustionar.

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Toda una tropa de fans nos desplazamos desde Pucela para, primero, disfrutar de su concierto en el purple y, segundo, simplemente decir gracias. Nada cabe añadir a la mochila de esta palabra, ni ‘de verdad’, ni ‘infinitas’ ni ‘de todo corazón’. Gracias por cómo vuestras canciones durante todos estos años (toda una vida joder) nos han acompañado, aleccionado y salpicado (por no decir cambiado, y arrugar la frente, trascendente).

Nadie como Caniggia para poner tanta emoción, devoción y agradecimiento desmedido en ponderadas y, aún así, genuinas palabras al final del concierto con Miguel, batería y autor de tanta joya deliciosamente amarga.

Empezaron a despegarnos los pies del suelo, desde el minuto uno, arrancando con ese trepidante himno generacional: “los chicos quieren diversión”

‘Por quien doblan las campanas’… y empezaba a erizarse el vello

‘Magia en tus ojos’ … enmudeciendo la garganta y haciéndole temblar al lagrimal

Hasta que llegó ‘chicos rebeldes’ y ya el dique se resquebrajó.

Alguien lo explicó así de bien: ‘fue como si el tiempo se hubiera detenido en 1988 y ese joven que desapareció, sin avisar, hubiera poseído de nuevo mi cuerpo adulto. Porque si se trata de magia, La Granja son expertos en compartirla…’

Set list

Espejos y espejismos, Love of lesbian (Teatro carrión, valld, 26/11/2018)

Era el cumple de Santi Balmes (48), y le sorprendieron con tarta y velas al final de esa joya llamada ‘mi primera combustión‘:

…queda un poco lejos cuando me incendiaste y ya … soplaron las cenizas, volaron las cenizas

Como explicó Santi, se trata de un repertorio algo friki, sin temazos, hijos menos guapos pero de los que estar orgullosos también, y que estaban ahí esperando su momento, ajenos a las selecciones de Spotify y a los que había que rescatar y dar voz.

Set List muy parecido al de la gira de mismo título de hace cuatro años, con algunos nuevos temas del Poeta Halley, incluido ‘segundo asalto‘ a capela pero esta vez sin discurrir entre los asistentes del teatro. Qué buenos recuerdos de Oviedo.

Un escenario lleno de polvo, papeles, cajas vacías y llenas, unas apagadas otras encendidas, cosas olvidadas, simulando a la memoria. Cierto desorden calculado y curiosa disposición de los músicos ne el escenario con los guitarras atrás, mientras que la batería y teclados se sitúan adelante.

Es tan amplio a estas alturas el cancionero lesbiano que da gusto poner el foco en estas historias acaso más deslucidas en sus directos y que merecen sin duda atención y un envoltorio escénico que las haga brillar a nuestros ojos y oídos.

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Espectáculo músico teatral, con marionetas, zepellines, bolsas gigantes, mucha mímica, Santi (un poco charlot) haciendo de las suyas con un sembrado Julián de contrapunto. Buen rollismo, acaso en exceso, de ambos en ¿improvisados? diálogos cómicos. Recuerdos, como aquella caída de santi con rotura de coxis en Porta Caeli, y algún que otro mensaje controvertido reclamando al libertad del señor Junqueras.

Y momentos emocionantes también, como este ‘domingo astromántico’ puntápelico:

O ese himno a la paternidad, ‘yo mataré monstruos por ti, también epidérmico

Cold War

Acudí a este árido film polaco sobre el amor imposible durante la postguerra, atraído por las muchas estrellas de las críticas. Atraído y ciego, según la costumbre, con lo cual la sorpresa fue mayúscula al constatar que el film era, no sólo al principio a modo de trapantojo del director (uno piensa que la acrobacia durará poco), sino todo él, en blanco y negro.

Una película poética, sugerente hasta el dolor, misteriosa, dura, trágica y desnuda, pero preciosamente iluminada, del director de Ida, Pawel Pawlikowski. Alguien que es de otra época, de esos míticos años 40 (el clasicismo mágico). Los matices y la paleta que se pueden extraer del blanco y negro pueden ser inimaginables para los modernos catetos del technicolor como yo. Imágenes y composiciones sublimes. Arte.

Qué belleza sobre los amores difíciles, titula Boyero, sobre los amores imposibles subrayaría yo, como esos besos filmados igual que un estrangulamiento de Hitchcock. Por mucho que le gustara hacernos sufrir, Hitchcock era un romántico, como lo es Pawlikowski. Otra vez el cine clásico presente.

Dos seres que se atraen, que se siguen y persiguen, explosionan, sufren y tratan de acostumbrarse a la terrible represión de la época. Ambos tendrán amantes, otras parejas, pero seguirán soñando con sus furtivos reencuentros, con algo tan imposible como la continuidad, un futuro juntos. Y surgirán las broncas, los celos, el enloquecimiento, la desolación y  la certeza de que la vida no vale nada si no pueden estar juntos.

La música, la mayoría música popular polaca, es otro protagonista de la película. Maravillosa hasta estremecer, a pesar del choque inicial.

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La habitación roja (lava, Valld 16/11/2018)

“Ostias nen, ¿todavía rulan?” – preguntaba mi amigo Manolo, gran melómano, al recibir las primeras instantáneas del concierto. Muchos años siguiéndoles de lejos, con respeto, sin pasión. Ya era hora de recibirles en el salón de casa.

Buen concierto de estos jóvenes incombustibles, en su línea, combinando el intimismo de sus letras y canciones y explotando en directo el pequeño repertorio de sus hits (un día perfecto, Febrero e Indestructibles), no muchos para tantos años de carrera, lo cual explica esa leyenda de que el mundo de la música no les ha devuelto lo que ellos le han dado. 150 asistentes confirmaron esta opinión.

Mucha guitarra infrautilizada sobre el escenario, para un espectáculo donde primaba lo introspectivo de las letras a la celebración del directo. Sólo en los bises algunos nos animamos a saltar. El cantante Jorge Martí se mesaba con ambas manos el cogote mientras iba desgranándonos sus historias, que merecen la pena ser escuchadas y centrifugadas con reiteración

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Nada más acabar el concierto, ahí estaba Jorge a la salida, sin tiempo para acicalarse al menos,  vendiendo camisetas como si se hubiera clonado. Sobrevivir para ellos, después de veinte años, ha sido su gran triunfo

Expectantes por visionar el documental de 38 minutos  ‘In the middle of Norway‘ sobre al doble vida del cantante y alma del grupo, estrenado en octubre en diversos festivales. Jorge Martí se trasladó a Noruega debido a la enfermedad crónica que padece su mujer y allí él trabaja en un centro para pacientes de Alzheimer y demencia.

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La desaparición de Stephanie Mailer

La desaparición de Stephanie Mailer, una periodista que investigaba el asesinato del alcalde y toda su familia en la plácida Orphea, da pie a una novela policíaca trufada de historias familiares repletas de secretos, mentiras y envidias.

30 personajes, y la protagonista, Stephanie, apenas pasa de puntillas

“El no crimen es un hecho muy atractivo en sí mismo. Lo interesante no es la sangre, o el acto violento sino lo que está detrás, la intención, por qué alguien que no es un criminal puede matar a otro”, explica Joël Dicker en El País (24 junio, 2018)

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