En el Club (Los flechazos, 1989)

Segundo disco de la banda leonesa, tras su exitoso debut Viviendo en la era pop (1988).

Disco redondo, o casi redondo. De las once canciones, sólo hay dos no pegadizas o que podrían desentonar.

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Tierra de Campos (David Trueba, 2017)

Quinto libro de David Trueba, tras su novela corta Blitz (2015) y la premiada película Vivir es fácil con los ojos cerrados (6 Goyas en 2014 , entre ellos el de Mejor Película).

Noqueado tras la primera lectura de 20 pgs, el hechizo prosigue 30 pgs después.

Parece imposible decir tantas cosas en cada frase, sin bisutería ni imitaciones, y a la vez destilar tanta ironía y cinismo de barra, de estar de vuelta de todo, incluso de la UCI. Se percibe la cercanía de ese viejo amigo canalla, resacoso y más hervido, alentando y dando codazos desde esa barra. No en vano, en los últimos años su amistad con Javier Cercas se ha ido cimentando a base de reveses y cornadas vitales.

Durante el anodino trayecto del cadáver del padre de Dani, el protagonista, en el ‘coche de los muertos’ a su pueblo de origen, empiezan a entremezclarse recuerdos y personajes dispares que poco a poco irán reconstruyendo su trayectoria vital. Esa forma de narración, aparentemente caótica, hilvanando recuerdos lejanísimos o cercanos (no en vano así funciona la mente cuando le da por recordar), irá conformando el puzzle.

¿Se hereda eso? Se cuestiona, una y otra vez Dani, ante el espejo y vicisitudes de su padre.

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Perfectos desconocidos (Alex de la Iglesia)

La divertida comedia de Alex de la Iglesia, remake de “Perfetti sconosciuti” (Paolo Genovese, 2016), te engancha a los 5 minutos con ese ritmo fluido y pulso in crescendo. Rodada con agilidad en apenas un par de escenarios, ‘la soga‘ (rodada en una sola toma, sin cortes) parecía golpear tras las paredes. En una cena de cuatro parejas, que se conocen de toda la vida, muchas y turbias cosas ocultas irán aflorando a partir de un curioso juego que desvelará sus peores secretos: leer en voz alta los mensajes y responder las llamadas que reciban en sus móviles durante la cena.

Ese final forzado, de película claro, resulta antinatural y poco creíble alterando ese ritmo dinámico de la película. A veces nos empeñamos en rematar con una guinda final algo que de por sí ya es meritorio. Cómo previo al clímax, el asunto de los pendientes ya es gran logro. En esa línea, algo más natural y como desenlace lógico de la trama hubiera bastado. Si fuera Billy Wilder me preguntaría, claro está ¿Cómo lo hubiera rematado Lubitssh? pero no dispuse, cegato de mį, esa cabecera en mi blog. Ay el toque Lubitsch que bien le hubiera venido al señor de la Iglesia.

El gran villano no es el p… móvil , como criticaba José Mota. No se le debe considerar el culpable de nuestras bajezas, de pensamiento obra u omisión, es sólo un mero chivato. Fidelidad, lealtad y veracidad parecen hoy día un trío descarriado … aunque yo también quiero ser analógico:

“El móvil, el puto móvil. Nos da mucho, pero nos quita más. Se ha convertido en algo inquietante. Sirve para comunicarnos de lejos, pero de cerca nos incomunica por completo. Quiero seguir siendo analógico; lo digital nos está devorando, quiero tocar físicamente, quiero la imperfección del ser humano. Parte de la culpa de la pérdida de la magia en el cine la tiene el puñetero ordenador” (J.Mota)

A destacar Eduard Fernández, fantástico en sus gestos, miradas, en su tono comedido del casi perfecto conocido (siempre hay un casi, nobody is perfect). Sobresalientes Ernesto Alterio en su papel de cínico cabrón falseras tirando a repugnante y Belén Rueda como Superwoman agobiada, que tira de la cadena antes de acabar de hacer pis. Y, con poca nota, Eduardo Noriega, que se ha quedado en ese rol de chulito guapito de cara de ‘Cha cha chá‘.

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Cuestión de gravedad (Sidecars, 2017)

Quinto disco de los Sidecars, tras ese excelente directo, ‘contra las cuerdas’, que a muchos nos hizo adictos. Juancho compone todas las canciones y desde la portada, con bisturí y sentimiento, va desvelando las telas del corazón

Para dejarse llevar, dar al modo aleatorio y que no termine nunca…eso ocurre en los primeros veinte minutos, cuando uno va a matacaballo por la vida y pones el cd durante el cafe, el baño o mientras cocinas.

Comienzo arrebatador, con canciones pegadizas y amargamente dulces (locos de atar, tu mejor pesadilla, cuestión de gravedad – renombrada costa da morte-) y esa estupenda ‘amasijo de huesos’ dedicada a Leiva.

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Se empieza a desinflar tras ‘olvídame’. Así que tras las primeras escuchas uno se propone darle al play a partir de la 7, a ver si cuaja. Y parece que no acaba de estar a la altura la 2gda parte. Quizá ‘todo es mentira’ se salve.

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A todo Riesgo, memorias airadas de una Pretender (Chrissie Hynde)

Esa maldita frase de la contraportada me hizo picar el anzuelo:

Buscábamos aventuras. Queríamos comernos el mundo y lo queríamos ya. No nos considerábamos ‘inocentes’. Leíamos libros, devorábamos música, fumábamos de todo y nos metíamos cualquier cosa. Técnicamente hablando, aún éramos vírgenes, pero ya habíamos dado unas cuantas vueltas al mundo, aunque sólo fuera dentro de nuestras cabezas

No se guarda nada en el tintero, comparte el camino recorrido –un sinfín de juergas, giras, conciertos, proyectos y el abismo de las drogas − tan apasionante como terrible. Una vida de película (Ver entrevista).

Hynde se explaya, acaso en exceso, con sus años mozos a finales de los sesenta y principios de los setenta en USA, con el nacimiento de la contracultura a raiz de Vietnam, mostrando su confusión y el flirteo con las drogas que narra abiertamente. Eso ocupa casi la mitad del libro (emoticono de gruñido). Sin embargo, la etapa Pretenders es despachada con celeridad —apenas 70 páginas al final.

Es a partir de la mitad del libro cuando, enamorada de los sesenta londinenses, llega al hervidero musical que es el Londres de 1973. Hay múltiples similitudes al desembarco de Froilan y Saúl en Los años furtivos de Brixton. Hynde VIVE, es testigo privilegiada del nacimiento del punk y trata de formar su propia banda. Colega de los Sex Pistols y de los Clash, narra esa época trepidante en donde daba igual la fama o el dinero, lo que importaba era entrar en una banda y tocar.

“Todo estaba a punto de arrancar. Podías notar que algo estaba cociéndose, como cuando notas el aire cargado de iones”

Son capítulos aparte para los enamorados hasta la médula de ese universo distinto, y en erupción continua, que es Londres. Cualquier descripción de una calle, mercadillo, tienda de discos o de un distrito erizan la piel. Es imposible no fascinarse con esa ebullición continua de los setenta. London Calling

Y por fin con 27 años llegó su momento … y esa canción de Sam Cooke “The Great Pretender”

Tenía 27 años cuando finalmente lo encontré. Me lo había tomado como una misión, pero lo cierto es que al principio ni siquiera supe que era él, a pesar de los indicadores que así me lo señalaban, como las luces del escenario por detrás de mí. Luego, gracias a su hechizo, pasé de patito feo a cisne y alcé el vuelo tomándolo de la mano. Junto a Pete y Martin, arremetimos contra el sol crepuscular con su luz rebotando en nosotros. Así que ésta es mi historia, nuestra historia. Jimmy, yo y todos los demás. Todos mis locos amigos (muchos de ellos ya fallecidos).

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Purple weekend 2017

Del 7 al 9 de diciembre, retornamos al Purple, a punto este de entrar en la treintena. Ahí nos encontramos, y así lo festejamos, con los venteños, Marta  & friends, la preceptiva, y sabrosa, visita de Luis y Silvia y, cómo no, los clásicos mods, sus parcas y figurantes varios, como Farlopo organizando y (re)partiendo el bacalao.

El primer día nos perdimos a Supersiders, The Salamanders y Evil Evil Girrrls&The Malvados, que fueron calentando el ambiente. Culminaron la jornada, en el Studio 54, el rythm and blues de los vascos The Allnighters y el poderoso power pop de la legendaria Nikki Corvette & The Romeos.

El viernes 8, estupenda presentación, en el espacio Vías a las 12.00, de la biografía de los KINKS Atardecer En Waterloo, amenizada con canciones y guitarras de ambos autores. Casi 800 páginas que van desde los inicios, a principios de los 60, hasta su disolución en 1997. Se incluye un particular apartado sobre su relación con España, donde se narra como en uno de sus conciertos actuaron de teloneros los Botines, cuyo cantante era el sin par Camilo VI.

Botines

Siguiendo con el viernes, algunos conciertos no parecieron estar a la altura. Insípidos los bilbaínos Extended Plays, en el Gran Café, sin alma ni sentido, posando sobre el escenario, como obligados a tocar. El botón de la camisa del cantante, disparó su desgana al público nada más comenzar. Psicodelia sixty almibarada.

Nuestros infiltrados venteños, nos contaron que hubo dos excepciones: Tito Ramirez (con un ilustre Ronaldo, Don Ricardo Moreno, a la batería), en el espacio Vías y The Event (Usa), con una celebrada actuación en el Pabellón CHF.

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El sábado 9, tras la tradicional scooter run, tampoco pintó demasiado bien con el punk acelerado de los skaters australianos The Living Eyes y los monocordes Imperial Surfers patrios, versión más floja de los Mambo Jambo, en el espacio Vías.

Hubo que desobedecer el programa oficial y acudir clandestinamente al  Club Valentino, donde finalmente pudimos disfrutar de un concierto con brío y lustre (y en idioma cervantino de Logroño): el garage de Los Mutagénicos. En este recinto, mitad sala de conciertos mitad puticlub,  resulta transgresora esa mezcla de rock’n’roll con el baile en barra de una pole-dancer, aderezado con meretrices merodeando por el local, alguna de ellas abogada de Burgos

La cruz roja americana de gira por España, Red Kroos (banda de culto formada por los hermanos Jeff y Steven McDonald a finales de los 70), vendría a redimir este purple , al que llegaron, tocaron y vencieron ante un público entregado a un sonido que hizo bailar a un CHF abarrotado.

cartel

El autor (Manuel Martín Cuenca, 2017)

“Vivir, mirar, escuchar”, le impelen como catecismo vital a un gris oficial de notaría empeñado en escribir literatura “de verdad”. Carece de talento (todos somos ciudadanos de segunda, decìa John Ford), pero su obcecado anhelo le lleva a cruzar ciertas lineas rojas.

Adaptación de la primera novela de Javier Cercas El móvil, 1987, en la que Álvaro, un escritor en busca desesperada de una trama, comienza a indagar a sus vecinos: unos recién casados en apuros económicos, un jubilado adinerado y una portera cotilla ideal para sonsacarle miserias. Sorprendentemente, lo que persigue se va cumpliendo y la ficción se impulsa a partir de la realidad. El autor en ciernes – desnudo y vacío dentro de un piso desnudo y vacío -traspasa la línea y comienza a manipular como marionetas a sus vecinos, sus personajes, para tejer una historia real que supera a la ficción….

Todo un reto conseguir, en la primera parte de la película, que observar y escuchar la cotidianidad de unos vecinos nada estrafalarios estimule e intrigue al espectador. Pero el tedio se rompe gracias a A. De la Torre, magistral en su papel de tutor literario, arrastrando con sus palabras al bisoño autor, como si fuera un Quijote contemporáneo.

Fantástico Javier Gutiérrez. Es y será su papel, el del ciudadano de segunda que quiere mudar de piel y sueña con ser otro: un escritor apasionado, que teclea con el corazón, …al menos con ese dedo. Por fin de gregario a jefe de filas.

Dos peros: por qué ubicarla en Sevilla si los protas y secundarios no hablan sevillano, excepto María León que, sin embargo, está floja: su personaje de atractiva autora de éxito no resulta creíble.

Final desconcertante, fundido en blanco.