Tierra de Campos (David Trueba, 2017)

Quinto libro de David Trueba, tras su novela corta Blitz (2015) y la premiada película Vivir es fácil con los ojos cerrados (6 Goyas en 2014 , entre ellos el de Mejor Película).

Noqueado tras la primera lectura de 20 pgs, el hechizo prosigue 100 pgs después. Parece imposible decir tantas cosas en cada frase, sin bisutería ni imitaciones, y a la vez destilar tanta ironía y cinismo de barra, de estar de vuelta de todo, incluso de la UCI. Se percibe la cercanía de ese viejo amigo canalla, resacoso y más hervido, alentando y dando codazos desde esa barra. No en vano, en los últimos años su amistad con Javier Cercas se ha ido cimentando a base de reveses y cornadas vitales.

Durante el anodino trayecto en el ‘coche de los muertos’ del cadáver del padre del protagonista, un cantante de éxito, a su pueblo de origen (irónicamente llamado Garrafal de Campos), empiezan a entremezclarse recuerdos y personajes dispares que poco a poco irán reconstruyendo la trayectoria vital de Dani Mosca, el artista. Esa forma de narración, aparentemente caótica, hilvanando recuerdos lejanísimos o cercanos (no en vano así funciona la mente cuando le da por recordar), irá conformando el puzzle y componiendo una canción agridulce, con sabor a vida.

En ese viaje interior, y también anhelado a su pueblo, los recuerdos traen consigo lúcidas reflexiones. ¿Se hereda eso? Se cuestiona, una y otra vez Dani Mosca, ante el espejo y vicisitudes de su padre

La cara B del libro, segunda parte del mismo, comienza con la llegada al pueblo, al que sólo ha ido seis veces y no acudía desde su adolescencia. Hay un cambio de tono, más pausado y reflexivo al colisionar con el mundo rural y sus propios recuerdos de tierno mancebo. Da la sensación de que el libro hubiera acabado de forma más natural en la primera mitad, esa cara A que fluye sola, labrada e hilvanada con maestría y con humor. Como cuando Dani recuerda la ausencia de su padre con el simple timbre de su casa, o se enamora de Oliva en una piscina con ayuda de un mensajero, o utiliza la Coca Cola para retratar una infidelidad. Tengo las páginas del libro dobladas de tanto señalar.

Tierra_de_campos

El puzle ya está montado, no hay recuerdos tan fragmentados y distantes, que asalten desde la ventanilla o el retrovisor (como en la primera parte), sino más bien menciones recientes referidas al momento más actual de Dani. Ese en el empiezas a comprender esa lección vital que es ver crecer a tus hijos a la vez que cuidas y un día entierras a tus mayores y, por fin, les entiendes de verdad y eso, te haces mayor.

“Hacerse mayor” como la canción final podría ser el otro título del libro. Las últimas páginas tratan de todo esto, te impregnan de lágrimas y te devuelven al principio de todo:

“Todos conocemos el final. Y el final no es feliz. Es curioso este cuento, porque sabemos el desenlace pero ignoramos el argumento. Somos visionarios y ciegos al mismo tiempo. Sabios y estúpidos. De ahí nace ese malestar que todos compartimos, esa sospecha que nos hace llorar en un día gris, desvelarnos a medianoche o inquietarnos si la espera de un ser querido se alarga. De ahí nace la crueldad desmedida y la bondad inesperada de los humanos. De ahí nace todo, de conocer el final pero no el cuento. Extrañas reglas de juego que ningún niño aceptaría. Ellos piden que no les cuentes el final. Ignoran que conocer el final es lo único que te permite disfrutar del cuento.”

Entrevista a David Trueba hablando sobre el libro.

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